Octubre 18, 2019

220 millones de habitantes aún carecen de agua segura en América Latina

Conseguir agua segura puede ser una odisea en algunas comunidades rurales de Ecuador. Los habitantes de zonas agrícolas de Los Ríos dependen de pozos que suelen colapsar en la temporada de inundaciones. Mientras que en la zona norte de Guayas, en el límite con Manabí, la escasez de lluvias amenaza con secar las reservas, también de pozos y albarradas. El informe Agua, saneamiento e higiene: Medición de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) en Ecuador, reveló en el 2017 que el 56% de la población nacional -17,2 millones- cuenta de manera simultánea con agua segura, saneamiento básico e insumos para el adecuado lavado de manos. La cifra es menor en las zonas rurales, con el 36%; y apenas alcanza el 30% en la región amazónica. Al ampliar el panorama, la realidad en América Latina también es contrastante. Es una zona rica en recursos hídricos, donde 220 millones de sus más de 600 millones de habitantes aún carecen de agua segura. “Latinoamérica es una región privilegiada en términos de agua dulce. Tenemos un tercio de los recursos de agua fresca del mundo y un séptimo de la población global. Sin embargo el agua no está distribuida de manera equitativa en toda la región”, explica Sergio Campos, jefe del equipo de Agua y Saneamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Una radiografía de la región fue el tema que Campos compartió en la apertura de la Conferencia Internacional sobre innovación y uso sostenible del agua: ciudades, industrias y agricultura. El encuentro fue convocado por la Asociación Internacional del Agua y el BID. Desde este lunes 30 de septiembre de 2019 reunió a expertos nacionales y extranjeros en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), en Guayaquil. Las charlas se enmarcan en los desafíos que plantea el cambio climático en América Latina y en la innovación como herramienta para alcanzar el ODS 6 propuesto por las Naciones Unidas: garantizar el acceso universal al agua potable segura y asequible en 2030. Para Campos, el gran desafío que tiene la región a futuro es el saneamiento. Y la innovación es el motor que puede aportar a reducir esa brecha, tanto en zonas urbanas como rurales. Si de innovación se trata, para William Sarni el futuro del agua es digital. El representante de la firma Water Foundry, demostró cómo las tecnologías digitales están permitiendo democratizar y personalizar el uso del agua. Y dio el ejemplo de empresas que utilizan aplicaciones para proveer agua fresca y purificada a los hogares, sin la necesidad de usar envases.

Para mitigar el impacto del cambio climático, Philippe De Meayer mostró algunas herramientas desarrolladas por la Universidad de Ghent para cálculos de riesgos de inundación, que pueden arrojar datos sobre pérdidas económicas, agrícolas, incluso humanas. Algunos instrumentos aplican simuladores con modelos 3D de ciudades. “Estas herramientas serán integradas en una sola aplicación que puede sumarse al plan de ciudades inteligentes”, dijo. El incremento del nivel del mar es una alerta global. El informe más reciente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático advierte un aumento de 43 centímetros al 2100 si la temperatura se eleva 2°C más. Pero si alcanza 3 o 4°C, por encima del promedio, el mar podría subir 84 centímetros. Las cifras fueron expuestas por José Luis Santos. El gerente general de la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guayaquil (Emapag EP) dio además datos de la urbe porteña. Según los registros de dos estaciones de monitoreo ubicadas en el Golfo de Guayaquil, explicó que el mar ha aumentado cerca de 20 centímetros entre 1984 y 2016.

Para vigilar esas variaciones, Guayaquil se sumó a la red Saica, un Sistema Automático de Información de Calidad de las Aguas que se está implementando con el financiamiento del Banco Mundial en la cuenca del río Daule, la principal fuente de captación de la ciudad. Esta es una de las estrategias dentro del Fondo para la Conservación del Agua de Guayaquil, que agrupa a instituciones públicas y privadas. Luis Domínguez, director del Centro de Agua y Desarrollo Sustentable de la Espol, explica que uno de los objetivos de la Conferencia Internacional es promover una red nacional sobre la gestión del recurso hídrico en el marco de la Asociación Internacional del Agua, que cuente con el apoyo del BID, para desarrollar estudios sobre el uso sostenible del agua a futuro. “Estamos en un momento en el que la agricultura compite por agua con las ciudades. Esto demandará tomar una decisión sobre cuánta agua debe destinarse a agricultura, cuánta se necesita para las ciudades, cuánto para biodiversidad... Esa será la discusión de los próximos años; necesitamos asignar la cantidad correcta de agua a cada una de las actividades”.